14 sept. 2010

El bosque de nieve


Durante varios días, quizá meses, caminé por un largo sendero de siniestra oscuridad donde mis peores pesadillas abordaron en silencio a mis más pequeños sentimientos, ahogándolos de angustia, penumbra y soledad. Todo era frío y, algunas veces, el viento helado que provenía de cualquier dirección tocaba mis pensamientos y congelando mi voluntad llegó a ser el más terrible de todos mis miedos.

Paralizada, en medio de esa atmósfera de frío intenso, no podía llorar ni pensar; fue como una prisión gélida de la cual deseaba escapar; pero lamentablemente no hacía nada al respecto, como si todo en mi interior se hubiera detenido y un sentimiento perenne e inmutable se apoderara de todo lo que soy. Sin embargo, a mi alrededor todo continuaba, todo se movía y cambiaba, sólo yo me encontraba ausente de todo movimiento y cambio. Parecía todo perdido para mí, cuando repentinamente me di cuenta al mirar con cautela que me encontraba en el mismo lugar donde comencé este tortuoso andar; y entonces un escalofrío intenso que llegó de mis pensamientos, me hizo comprender que todo fue una horrenda mentira. Nunca caminé por el bosque, no pude hacerlo. Siempre estuve en el mismo lugar, en medio de la niebla, en un extraño sitio del bosque, que cubierto de nieve, hizo verme en lo más profundo de mi oscuridad.

A pesar del terrible frío, logré despertar de ese sueño etéreo y perenne que hizo detenerme  en ese extraordinario lugar; y mientras caminaba, una extraña luz se lograba divisar en el horizonte, pero era tan lejana, que, a cada paso que daba, perdía la esperanza de alcanzarla, y todo se cubrió de niebla de nuevo. Durante el día deseaba alcanzar el descanso perpetuo ya que mis pies no soportaban más la larga travesía, y lo único que podía percibir en esos instantes de desasosiego era que aquella luz se desvanecía cada vez más. Ante la temible oscuridad de la noche y del enorme vacío que ésta dejó en la profundidad de mis pensamientos, un terrible miedo se apoderó de la situación y forzándome a dejar todo lo que poseía, caminé entre la niebla espesa y con el frío de la oscuridad, olvidé todo lo que fui. Y la nieve comenzó a caer de nuevo a la tierra como una lluvia de blancas gotitas que caían muy suavemente en mi piel, tan frías que estremecían hasta el interior de mi ser.

Caminé durante varios días por el bosque tratando de encontrar una salida rápida del deseo onírico cuya flama que mantenía encendido a mi espíritu, dotaba de un tenue candor al jardín de sueños, mientras dormía a la entrada de un imponente laberinto de esplendor único que me invitaba a entrar al proyectar ante mis ojos, los más bellos placeres en los escenarios más hermosos que jamás había visto. Y, finalmente, de pie ante el gran espejo que envuelve de poderosas sombras a los preceptos de la vida y la muerte, mi mente comienza a atravesar por los tortuosos senderos rodeados de enhiestos collados, los cuales, cubiertos de mantos verdes, resplandecen bajo la luz del cielo como una bella manifestación de diversos colores. Aquél escenario de porte majestuoso se presentó ante mí en forma de una visión pérfida de eminente belleza e inmensurable esplendor. 



1 comentario:

  1. Holaaa! Bienn con mucho trabajo u_u y tu como estas? :) gracias por visitarme jiji cuidate mucho, temando muchos abrazos!!

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