13 sept. 2010

Cristales en la tierra



Y la tierra se sacudió ante el estruendo de aquella luz que provenía del cielo; se partió en dos mitades de igual magnitud y dentro, muy dentro de cada mitad, miles de cristales que resplandecían en una manifestación de hermosos colores al contacto con la luz del universo, pero desde las sombras provenía con majestuosa imponencia, la sombra más grande de todas que cubrió con su enorme manto de fulgurantes estrellas a los cristales de hielo en las entrañas de la tierra.

Ahí donde no existe arena, no hay forma de escapar, es como una trampa de gélidas paredes donde se levantan los cristales como enhiestos collados de plata en los cuales se refleja la luz de la luna, produciendo un efecto fantasmagórico que asustaría a cualquiera que tuviese arena en su tierra.

No puedo salir, no puedo escapar. Muestro mi arena e implorando a la negra noche que cesara este tormento, caigo en las cuatro paredes de gotitas frías que como espadas traspasan mi alma y cada parte de mi cuerpo, que ante mis ojos parecen millares de fríos ladrillos y todo parece como una terrible pesadilla, más sin embargo, estoy despierta.

No puedo resistir un segundo más esta agonía, siento que me pierdo y que estoy en un laberinto que no tiene salida, aunque sé que la tiene, mi esperanza me mantiene erguida con mis pies sobre agujas de cristal que los atraviesa al mínimo movimiento y sangran constantemente.

El dolor es insoportable, pero no puedo llorar porque cada lágrima que cae se convierte en una aguja de cristal que se clava en mi pecho. No puedo gritar porque cada alarido se convierte en hielo que se entierra en mi cabeza muy lentamente.

Creo en lo que me está sucediendo, estoy dentro de una prisión de cristal en el centro de la tierra, donde no hay arena y no hay forma de escapar. Aunque creo que algunas veces es un sueño, abro mis ojos y me encuentro en el mismo lugar, y, continuamente se escucha esa voz en mi cabeza que me tortura con todas mis pesadillas y dice:


“ Finsternis, Finsternis, Finsternis, en la vida y en la muerte ”


Ethain

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