5 nov. 2010

Una canción en la tormenta


Durante el recorrido de los tortuosos caminos de nieve, que empobrecían a mi tierra y a mis flores con su viento frío y la helada agua que no dejaba de caer; encontré después de mucho andar, un lejano rincón escondido debajo de toda esa nieve del bosque, donde hallé una hermosa flor roja plantada en arena que no había sido lastimada por el frío invierno. Al verla, sentí que mi tierra cobraba la fortaleza perdida; y me levanté de la nieve, tome mi espada de la tierra y comencé a atravesar el bosque en medio de una oscuridad que me invadía hasta lo más profundo de mi ser al torturarme con pensamientos tenebrosos de delirio y dolor. 

Y seguí caminando con la bella flor roja entre mis manos que hacía ver ante mí, la luz que algún día tendría que alcanzar; y entonces tomé una flecha y la disparé con el arco de fuego hacia la dirección donde el ciclo nunca termina y la oscuridad y la luz se hallan en equilibrio.  Entonces con la espada del viento y del fuego me dispuse a andar entre la niebla hasta llegar al verdadero destino donde la flecha me guiará y la flor roja de la arena me mostrará el espejo de mis gemelos y la dulzura de un eclipse solar, cuya oscuridad la desean todos aquellos seres que aman el poder de volar, pero también todos aquellos que no quieren pelear con su propia espada e ignoran el equilibrio verdadero que es el orden de todo lo existente, que nos trae tormento y tranquilidad al no dejar que el agua se detenga por mucho tiempo en el gran ciclo del universo.

Ahora me encuentro en la niebla de un bosque que me muestra varios senderos, algunos falsos y otros verdaderos, donde tomar decisiones no es nada fácil. El viento trata de llevarme donde los hielos son eternos y las tormentas se detienen con la fuerza del agua en dirección opuesta al ciclo, pero conozco esos caminos y tomando mi espada del viento, regreso donde la hermosa flor me llama y su dulce voz me lleva donde se encuentran las peores tormentas y las lluvias alimentan a mi espada de fuego. 

Aquella flor verdadera es la espada del agua, una de las cuatro espadas del equilibrio, y es la que hace cambiar el ciclo del agua con su poderosa voz y su silencio en una hermosa canción que se origina en medio de una tormenta verdadera y donde puede ser escuchada por todo el universo aunque sea sólo por un instante que marca el retorno del ciclo a su andar. 

Y puedo escuchar esa bella melodía durante el amanecer y el anochecer, en la lluvia y en la tormenta, porque la flor roja se encuentra en la arena, y a pesar de los vientos, la nieve y la niebla del laberinto, sé que también puedo cantar en la tormenta con la melodía de la voz que me llevará a flotar donde las nubes blancas hacen descansar a mi espíritu después de la tempestad, y, después comenzar una lluvia nueva que enriquezca a la tierra, para que la flor verdadera nunca perezca y el fuego se avive con el gran viento que va en la única dirección de la dulce flecha.    



Ethain

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