2 nov. 2010

La nieve de la tierra


Ante los poderes de la tierra, protección de fortaleza inigualable, que ni las tormentas de nieve pueden doblegar su fuerza al convertirse ésta en arena. Muestro el espejo ante el agua cuyo ciclo, comparable con la vida misma, envuelve en silencio cuando se ha detenido por los cristales de hielo que fortalecen la ilusión, y cuando la furia e ira corre en sentido contrario y no deja avanzar las manecillas de la vida y la muerte.


Invoco a la espada de fuego, mágica y poderosa, que atraviesa los más tortuosos caminos, que dirige su filosa y candente punta hacia la gema misteriosa del escudo al hablar, y, con fuerza y pasión gloriosa se hunde en ésta, para poder retirar esa protección oscura y mostrar al fin, un bosque cubierto de nieve cuyo espejo es la arena frágil y movediza, donde los viejos y pobres árboles se han posado vanagloriosamente.


Tormenta de tormentas, conozco tu andar, sé de tu espada y escudo, y donde atacas sin piedad. Conozco a la energía que se crea al par contigo, que es como un estallido en el cielo gris de tu ser, permite dejarlo caer en medio de la arena porque la lluvia caerá de nuevo a la tierra para enriquecer al constante cambio.


Desenfundo mi espada en su arena oscura y fría, y que el viento recoja con fuerza sin igual lo que al final será llevado por el bosque de niebla para alcanzar el eclipse lunar; porque todos somos uno, todo se mueve, todo cambia y todo flota.



Ethain


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