2 nov 2010

Un muro de ilusión

Ahora me encuentro de pie ante un muro de ilusión;
 Y de cristales de hielo porque has dormido mucho tiempo;
Donde la lluvia no cae en la arena y no puedes verla;
La oscuridad que cubre tu ser te atormenta y no te deja avanzar;
Porque no saltas a la tormenta y no conoces tu arena.


He visto tus ojos en el cielo de esa oscuridad inefable;
Y sé que le temes a la lluvia que alimenta a la tierra;
He visto a tu cielo lleno de estrellas y a la luna de plata;
Y sé que el miedo que te duerme en ilusiones de falso sosiego;
No te permite amarlas, no te permite alcanzarlas.


Y le he pedido a la luna que te muestre su brillo;
Que te muestre la flecha en tu camino hacia el eclipse lunar;
Y sé que retrocedes por tu miedo a la tormenta verdadera;
Y que has visto a las flores en la arena y al espejo en ellas;
 Y dime si algún día le dirás a la luna todo lo que te atormenta.


Dime si existe en ti el más grande de todos miedos;
Que es la flor que porta al espejo cuando la nieve cae en el bosque;
Dime si le temes a la espada de la tierra;
Que con una gran tormenta te ayuda a salir de la oscuridad;
Dime por qué no quieres verla y amar al eclipse que te muestra.


Y daría gracias al eclipse lunar y a la luz de plata en la noche de estrellas;
Por el momento en que ames a aquella flor al renacer la flecha y el fuego;
Y sé que el sol vendrá a calmar tu sufrimiento cuando termine la tormen
ta;
Donde la tierra te protegerá y hará crecer las flores del bosque;
Con la lluvia que ha permanecido tanto tiempo detenida.


¿Cómo le pido al cielo infinito que te muestre el camino?
 Si has ignorado a los brillos que hay en tu inmensa oscuridad;
Dime si acaso existe alguna forma de que voltees un instante hacia el cielo;
Y te diré que tú eres una de mis estrellas más amadas;
Que siempre que miro hacia el cielo la lluvia comienza a caer en mi arena.



La sombra me cobija al pensar que algunas noches no te veré mas en el cielo;
Al dejar de caer esa tormenta sobre mi arena y no exista más luz que me sosiegue;
Dime si realmente debo tener miedo cuando la flor que más amo deje de existir;
Y te diré que debo decirte el por qué de mi llanto y sufrimiento;
Porque quiero alcanzar a mi estrella amada y a la luna que no detiene mi andar.


Si tan sólo vieras mi cielo lleno de estrellas;
Te darías cuenta de que no miento, no es ilusión;
Y si tan sólo vieras al cielo en tu oscuridad imponente;
Sabrás cuanto puedes amar y la flecha resurgirá de la niebla;
El fuego inextinto renacerá de las cenizas de tu dolor.


Te dirigirás donde el espejo llama al ciclo único del agua;
Tu llanto no será en vano siempre que mires una flor;
Las tormentas te harán fuerte siempre que estés en la arena;
Cada lágrima tuya será una espada que subyugará a tus enemigos;
Y brillarás siempre en las oscuridades más terribles y dolorosas.


Dime a que le teme la enorme espada del agua;
Dime que te atormenta en lo más profundo de tu arena;
Atrévete a hablar de tus tormentas duraderas y efímeras;
Y te diré que me atormenta lo mucho que te amo;
Y lo poco que tu me amas cuando te he mostrado mi flor en la nieve.


Yo no quiero que me ames si tu no lo deseas;
Sólo quiero que mi estrella ame como yo la amo a ella;
Y que encuentre la dicha amando a otras estrellas;
 Porque yo he encontrado una hermosa canción junto a ella;
¡Y yo sólo quiero que cante mi estrella!
 


Ethain

La nieve de la tierra


Ante los poderes de la tierra, protección de fortaleza inigualable, que ni las tormentas de nieve pueden doblegar su fuerza al convertirse ésta en arena. Muestro el espejo ante el agua cuyo ciclo, comparable con la vida misma, envuelve en silencio cuando se ha detenido por los cristales de hielo que fortalecen la ilusión, y cuando la furia e ira corre en sentido contrario y no deja avanzar las manecillas de la vida y la muerte.


Invoco a la espada de fuego, mágica y poderosa, que atraviesa los más tortuosos caminos, que dirige su filosa y candente punta hacia la gema misteriosa del escudo al hablar, y, con fuerza y pasión gloriosa se hunde en ésta, para poder retirar esa protección oscura y mostrar al fin, un bosque cubierto de nieve cuyo espejo es la arena frágil y movediza, donde los viejos y pobres árboles se han posado vanagloriosamente.


Tormenta de tormentas, conozco tu andar, sé de tu espada y escudo, y donde atacas sin piedad. Conozco a la energía que se crea al par contigo, que es como un estallido en el cielo gris de tu ser, permite dejarlo caer en medio de la arena porque la lluvia caerá de nuevo a la tierra para enriquecer al constante cambio.


Desenfundo mi espada en su arena oscura y fría, y que el viento recoja con fuerza sin igual lo que al final será llevado por el bosque de niebla para alcanzar el eclipse lunar; porque todos somos uno, todo se mueve, todo cambia y todo flota.



Ethain